domingo, 25 de octubre de 2009

Arte y cultura en la red

Una vez los del periódico La calle de Córdoba me rogaron que les escribiera un artículo sobre Internet y su relación con la cultura y el arte. Después de esto ya no me volvieron a llamar más:

La cultura de internet.

Internet es nada más y nada menos que una gran interconexión de tramas computerizadas que consiente a los computadores electrónicos acoplados conversarse rectamente. Se habitúa reseñarse a un enlace entre dos o más sistemas específicos, de perfil planetario y libre de limitaciones a los concurrentes, que liga tejidos automatizados de consorcios gubernativos, educativos y fabriles. Asimismo concurren procedimientos de mallas más menudas de mote Intranet, corrientemente para el empleo de una única estructura.

El conjunto de técnicas de Internet es una guía de la chistada superauto-pista de la información, un designio especulativo de las comunicaciones computacionales que condescendería abastecer a conventos, archivos, firmas y cobijos acceso colectivo a una información de calaña que ilustre, reseñe y solace. En los umbrales de 1996 estaban enchufadas a Internet más de veinticinco millones de terminales en más de ciento ochenta patrias, y la cantidad continúa en acrecentamiento.

Las estructuras computacionales de redecillas como Internet admiten tratar datos entre ordenadores, y ya se han erigido profusas prestaciones que fructifican esta ocupación. Entre ellos figuran los siguientes: Vincularse a una computadora a partir de otro término (TELNET); trajinar ficheros entre un terminal local y un ordenador remoto (protocolo de traspaso de ficheros, o FTP) y examinar y desentrañar ficheros de computadores remotos (GOPHER). La prestación de Internet más estrenada y substancial es el protocolo de cesión de hipertexto (HTTP), un retoño del servicio de GOPHER. El HTTP logra repasar y desentrañar ficheros de un artilugio remoto: No únicamente citas sino representaciones pictóricas, soniquetes o piezas de vídeo. El Http es el protocolo de traspaso de información que crea el pedestal de la compilación de información irradiada designada World Wide Web (igualmente entendida como Web o WWW). Éste es un muestrario de ficheros, apelados lugares Web o páginas Web, que circunscriben informes en forma de citas, esbozos, retumbos y vídeos, al mismo tiempo que ligaduras con terceros ficheros. Las colecciones organizadas de registros son reconocidas por un localizador enciclopédico de recursos (URL, abreviaturas en anglosajón) que describe el protocolo de traspaso, la dirección de Internet del armatoste y el calificativo del fichero. Por ejemplo, un URL valdría ser http://www.playboy.com. Las aplicaciones computacionales apodadas exploradores —a manera de Navigator, de Netscape, o Internet Explorer, de Microsoft— manejan el protocolo HTTP para reconquistar esos ficheros. Inacabadamente se despliegan inéditos especímenes de archivos para la WWW, que sujetan por ejemplo animación o entorno virtual (VRML).

Si bien la interacción computerizada aún reside en su puericia, ha conmutado de una manera acojonante el cosmos en que subsistimos, arrinconando los antepechos del tiempo y el trecho y permitiendo al populacho repartir, dividir, distribuir datos y atarearse en contribución. El avance hacia la superautopista de la información se prolongará a un compás cada vez más resuelto. El aforo valedero se hinchará despachadamente, lo que forjará más dable localizar cualquier averiguación en Internet. Las nuevas aplicaciones admitirán perpetrar transacciones mercantiles de carácter inconcuso y aportarán nuevas coyunturas para la compraventa. Las nuevas técnicas amplificarán la celeridad de cesión de información, lo que hará permisible la entrega espontánea de coña a la carta. Es viable que las reinantes transmisiones de televisión colectivas se vean delegadas por transmisiones ceñidas en las que cada morada absorba una señal primordialmente esbozada para los gozos de sus miembros, para que consigan ver lo que les salga de las gónadas en el momento que ambicionen.

¿Y qué acontece con la cultura? Bien, alcanzaríamos a reducir ésta como la sapiencia, mezcolanza de fisonomías individuales, anímicas y prosaicas, intelectuales y expresivas, que identifican a una colectividad o caterva social en un tiempo estipulado. En sí, el vocablo cultura abarca conjuntamente talantes de existencia, cortejos, arte, entelequias, ciencias aplicadas, métodos de valores, derechos cardinales del ente humano, usanzas y dogmas. A través de la erudición se pronuncia el mortal, arranca cognición de sí mismo, delibera sus elaboraciones, escudriña lozanos significados y funda faenas que le repercuten.

¿Y todo esto posee un distrito en Internet? ¿Hay vida inteligente en el planeta? Si bien sabemos responder positivamente a la cuestión inaugural es peliagudo imaginarlo con la segunda.

Internet ofrece de base un magno conjunto de colgados que lo embuten todo de multitud de páginas Web, expositoras de disparejas labores de literatura, música, danza, pintura, escultura, arquitectura, cine, vídeo, fotografía, y no alcanzo a saber cuantas tonterías más. ¡¡¡ Pero hombre !!!. Depongámonos de gilipolleces y ennoblezcamos la pornografía a la condición de arte que se merece. Y como señala mi buen camarada Hito (filósofo de la supervivencia y cantante persistente) el mayor arte tiene lugar en el momento que proclamas "¡¡¡ Arte un porro !!!".

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